El Palomar de la Huerta Noble


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Para hablar del palomar situado en la finca denominada Huerta Noble, a un kilómetro y medio de La Redondela hay que empezar por hacer un poco de historia sobre su autor, Don Manuel Rivero González, vecino de Ayamonte que, de origen humilde, llegó a gozar de una gran relevancia social, económica y política, no sólo en Ayamonte sino también en Cádiz, Madrid y en algunas ciudades de América y Europa.

En efecto, este personaje nace en Ayamonte en 1697, de padre marinero, quedando huérfano a la temprana edad de 14 años, y es entonces cuando toma una decisión que iba a marcar toda su vida: se enrola, de grumete, en una embarcación que hacía la ruta de las Indias.

Emigrado a América en 1711, su habilidad para los negocios le permitió en poco tiempo hacerse con una buena fortuna, lo que aprovechó para volver a España donde administraría con destreza y gran sentido comercial su reciente capital.

En poco tiempo se hizo acreedor de un gran prestigio que, poco a poco, le haría ir escalando puestos en la burguesía local. Son los años en los que Cádiz obtiene el monopolio del comercio con las Indias en detrimento de Sevilla. Don Manuel Rivero González supo aprovechar estas circunstancias y pasa en Cádiz gran parte de su vida vinculada con el tráfico comercial y marítimo con las Indias, algunos puertos europeos y otros de la Península, sin perder en ningún momento el contacto con su ciudad natal, Ayamonte.

Realizó numerosos viajes a América, siempre relacionados con sus negocios y en competición con las muchas familias que hacían lo propio al calor del comercio indiano.

Poco a poco, su posición dentro de la burguesía ayamontina y su situación económica, le llevó a tener buenísimas relaciones con la titular del marquesado ayamontino, que en esos momentos era Dª Ana Nicolasa de Guzmán, también
Marquesa de Astorga.

Y, en efecto, D. Manuel Rivero González es nombrado, en 1745, por Dª Ana Nicolasa de Guzmán, Marquesa de Ayamonte, Alcayde del castillo de Ayamonte, por ser "persona de calidad y circunstancia".

Un año después, en 1746, la propia marquesa lo nombra Teniente Corregidor y Justicia Mayor de Ayamonte y de las demás villas de su marquesado: Lepe, La Redondela, Villablanca y San Silvestre de Guzmán.

Su posición económica le llevó a poseer su propia flota, compuesta por cinco barcos, para el comercio marítimopeninsular, europei e indiano; su prestigio social le deparó los cargos que hemos señalado anteriormente dentro del marquesado de Ayamonte y, con anterioridad a ello, el gobierno local ya se apoyaba en él para solventar numerosas cuestiones de toda índole.

Su carácter emprendedor se manifestó en el gran interés que siempre mostró para invertir el beneficio de sus negocios en la compra de fincas rústicas, urbanas y en la construcción de edificios. En este sentido fue tan amplia su labor, que resultaría demasiado extensa la exposición de toda su actividad, tanto en Ayamonte, como en La Redondela, fundamentalmente.

Por el Catastro de Ensenada conocemos que adquirió tierras en los parajes de la ermita de San Benito, de la Estacada, de Matacaballos, de la Coscorrita, de los Rastros y otros, todo ello en el término de Ayamonte. En el de La Redondela adquirió dos fanegas en tierra de la Bernarda, cuatro en Valdefrío, dos en el Grajino, tres en Santa Brígida, dos en el Rincón, cuatro y media en la Cerquilla, cuarenta en la Cerca de San Miguel y, además, adquirió otras plantadas de viñas y para cereal en el sitio de la Higuera.

Asimismo, adquirió diversas casas en Ayamonte, destacando entre todas ellas la llamada Casa Grande, recientemente adquirida por el Ayuntamiento ayamontino. También se distinguió por la gran cantidad de obras de tipo religioso que abordó y ejecutó a su costa en Ayamonte, ayudando así a la iglesia local en la reconstrucción o nuevas construcciones religiosas en su ciudad natal.

Hoy día son testigos de su actividad constructiva en La Redondela, la casa de la Cerca de San Miguel, la casa de la Chirina, la casa de Calderón, el caserío de la Huerta Noble y
el palomar de la misma, todas ellas construídas entre 1750 y 1780.

Pero, de todas las fincas rústicas que adquirió, la más extensa estaba en La Redondela y fue la más importante que poseyó, junto a la finca llamada el Olivar, de 132 fanegas, adquirida también por él

Por compra al vecino de Lepe, D. Rafael Estévez, adquirió la finca reconocida como
Huerta Noble que ya poseía casa, noria, alberca y cañerías. D. Manuel Rivero rebautiza esta finca con el nombre de Nueva Hacienda de Jesús, María y José, nombre que no prosperó porque el antiguo de Huerta Noble ha permanecido hasta la actualidad.



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