El Palomar

Este edificio es único en su género, pues no se conoce ningún otro
de las mismas o parecidas dimensiones y disposición, en Andalucía e incluso en España. Milagrosamente
hoy conservado, aunque necesitado de protección y restauración, la Consejería de Cultura ha
iniciado en el año 1999 el expediente para su posible catalogación como bien cultural.
El Palomar es de planta casi rectangular, de 28,50 m. por 14,40 m., y una altura uniforme de 5,50 m. Los lados
y ángulos opuestos no son iguales ni rectos, respectivamente, lo que da al edificio una ligera forma irregular.
La parte interior está ocupada por nueve calles longitudinales en dirección norte-sur, cortadas en
el centro y extremos por tres calles transversales en dirección oeste-este. Las calles tienen una anchura
constante de 85 cm., con la excepción de la calle longitudinal de poniente, que tiene el bebedero para las palomas, que cuenta con
una anchura de 95 cm.
Los nidos o palomeras
están realizados con orzas o vasijas de cerámica, no todas iguales, pues sus diámetros varían
desde 10 cm. a 20 cm. y su profundidad es casi constante y de 20 cm.; están empotrados en las caras de los
muros que forman las calles y en la cara interna de todo el muro perimetral. Un recuento aproximado de los nidos
da un total de 36.000.
Todo el palomar queda abierto, sin techo, para facilitar la entrada y salida de las palomas.
Existe un elemento constructivo en el cruce de la calle longitudinal central con la transversal central, que es
una cúpula
semiesférica de un metro de diámetro sobre tambor octogonal; ambos, cúpula y tambor, tiene
una altura de 3,70 m. y está rematada la cúpula por una veleta. Toda su cara interior fue igualmente
aprovechada para instalar nidos.
Tanto esta cúpula, como los remates de las cuatro esquinas del palomar (formados por un prisma con pirámide y laterales a modo
de espiral), dan un aire especial a todo el conjunto y también las caras interiores de los remates de las
esquinas fueron horadadas para insertar en ellos nidos o palomeras.
Todos los nidos están dispuestos, como hemos dicho, en las caras interiores de los muros que forman las calles y en la interior
del muro perimetral, en bandas horizontales de tres filas cada una y separadas una banda de otra por una hilada
de ladrillos sobresalientes. En cada cara de los muros existen seis bandas de tres hiladas cada una.
Se utilizaron para su construcción cantos, ladrillos, arena y cal, terminándose el revestimiento
con estuco de tonalidad rosa. El suelo de las calles es de piedra y se accede a ellas por una única puerta,
frente a la calle longitudinal del lado de poniente, donde está el bebedero a lo largo de toda ella.
Parece que su construcción debió tener lugar entre 1761 y 1771, según se desprende del Registro
de Caudales de los vecinos de La Redondela, La Higuerita, Ayamonte y Lepe.
Y llegado a este punto cabe hacerse la pregunta de por qué se construyó este inmenso palomar que
no puede compararse con ningún otro de su misma naturaleza.
Realmente no sabemos que movió a D. Manuel Rivero para su construcción; sólo podemos
hacer conjetural al respecto.
Pudiera ser que su autor quiso imitar a la nobleza terrateniente pues, no olvidemos, que consiguió del Arzobispado
de Sevilla la concesión de oratorio en la finca, lo que era propio de la nobleza; otra posibilidad sería
el aprovechar los escrementos de las palomas como abono para la huerta y, las propias palomas, como alimento humano.
Por fin, y esto sería lo más improbable, su construcción pudiera obedecer a un gusto personal,
a un simple deseo o capricho, porque tenía posibilidades económicas para permitirse esta gran construcción.
En cuanto a su arquitectura, hay quién ve semejanza entre el tambor y la cúpula del palomar con los
lucernarios de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, que son barrocos, por lo que la comparación
sólo habría que verla en cuanto a forma y tamaño. Otros ven más semejanzas con los
lucernarios de la Real Fundación de Artillería de Sevilla, por sus características estéticas;
en este caso también los tambores son octogonales y sus tamaños muy semejantes a los del Palomar
de la Huerta Noble de La Redondela.
Documentación: Antonio M. Cabanillas